Santa Ana reeditó la tradición de celebrar a los niños ángeles
Desde la mañana de los días 1 de cada noviembre, desde hace años, más
que los 20 que se pudieron contar, hay un lugar en el que la casa se
viste de fiesta y le rinde un especial homenaje a las almas puras de los
niños. La casa de la familia Lezcano, en Santa Ana, es el lugar que,
como un hito geográfico, marca el espacio para el pueblo a través de las
generaciones, desde cuando doña Laureana Luján instaló la costumbre que
ya había aprendido ella, a su vez, de sus padres.
Ayer, bajo la premisa de “un mundo mágico”, el tranquilo poblado
distante solo pocos kilómetros de Corrientes, revivió la celebración en
medio de la atmósfera de calor y de cierto surrealismo con que
acostumbra transitar, como todo en la vida del pueblo.
En parte con la intención de sostener la herencia cultural y también
como una manera de homenajear la memoria de su madre, es ahora Valentín
Lezcano, su hijo, quien organiza la celebración de Ángeles Somos en
Santa Ana.
“Es una costumbre indígena, que mi mamá aprendió de mi abuela, y que
viene de la herencia guaraní. Cuando los niños indios morían, la
comunidad se reunía en un ritual encomendando ese alma al cielo”, relató
Valentín a época.
Bajo los frondosos mangos de su patio, se dispusieron mesas, sillas y
se ataron globos. Bandejas con golosinas de colores esperaron a los
pequeños y sus familias a la fiesta, una celebración que se costea, cada
año, con el aporte de la comunidad. En una de las galerías de la
vivienda se alzó un pequeño altar con las imágenes del Divino Niño Jesús
y el Niño de la Piedad. Sobre el suelo, se tendieron ponchos,
representando a la cultura, y sombreros de paja, como símbolo de la
laboriosidad en el campo. “Es una celebración muy cargada de simbolismo,
yo recuerdo pasar la noche previa con mi madre en la cocina, cortando
en trozos las cañas de azúcar. Antes, en los pueblos, no había
caramelos. Con eso se esperaba que pasaran los chicos del pueblo, y se
les daba a cada uno un puñado de estas golosinas de campo”, recordó
Valentín. “Luego se preparaba un brebaje que se daba a los pequeños a
beber, con el deseo de que tuvieran sueños dulces”, contó.
Al festejo, que inició pasadas las 17, fueron llegando mamás con sus
niños a lo largo de toda la tarde. “Coincidió que la escuela organizó la
fiesta de la Educación Física para la misma tarde. Los chicos tuvieron
que ir, pero pusieron el grito en el cielo cuando se enteraron, porque
para esta fecha todos quieren estar”, recordó Lezcano. “Aunque pudieron
venir menos chicos, no se suspende el festejo. Para mí es una forma de
honrar la memoria de mi madre”, dijo Valentín. Al rato llegaron la reina
nacional del Chamamé, María de los Ángeles Güenaga, y la reina
provincial del Turismo, María Emilia Carabajal. La celebración de antaño
tiene ahora otro colorido, golosinas envueltas en papeles de celofán,
música brasileña como animación. Pero la magia de guaraníes, de fe
cristiana e inocencia infantil que surcan las calles de arena del
pueblo, sigue vigente como entonces.
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